Elige familias con personalidades claras y pesos contrastantes. Limita estilos: titular, apoyo y microtexto. Mide legibilidad en sala y en portátil. Asegura consistencia de interlineado y espaciados para que la frase esencial respire. Comparte capturas; daremos feedback sobre tamaño óptimo real.
Crea una escala tipográfica, define tamaños repetibles y usa rejillas simples. Segmenta cada lámina en zonas previsibles para que la mirada anticipe. El ritmo visual debe sostener la historia, no competir con ella. Piensa en compases: pausa, énfasis, revelación, silencio intencional.
Limita la paleta, asigna significados y prueba contraste con simuladores de daltonismo. El color debe señalar prioridades, niveles de certeza o estados. Evita saturación innecesaria. Anota en notas del presentador por qué usas cada tono, anticipando preguntas sobre rigor visual.

Texto diminuto, bloques densos y jerga técnica son enemigos del entendimiento. Si una frase requiere respiración doble, córtala. Divide en capas: titular, apoyo, evidencia. Prueba lectura a tres metros. Pide a la audiencia reescribir una lámina contigo, en directo, sin miedo.

Sombras largas, transiciones caprichosas y animaciones ruidosas encubren inseguridad o falta de historia. Elimina lo superfluo. Si la idea no mejora con movimiento, queda inmóvil. Mantén consistencia en iconografía. Comparte antes y después; mediremos cuánto tiempo tarda alguien en captar el mensaje.

Proyecciones heroicas sin supuestos claros erosionan confianza. Declara metodología, escenarios y márgenes de error. Si usas comparables, justifica la elección. Evita adjetivos grandilocuentes. La precisión vende más que el entusiasmo sin anclaje. Invita a revisar tu modelo; compartiremos una plantilla mejorada.
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